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Convertir el agua salada en dulce

 

“Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río” Ezequiel 47: 8 y 9

Convertir el agua salada en dulcePara nadie es un secreto que el agua salada no sirve para beberla. El agua natural, normalmente, tiene un sabor refrescante gracias a la presencia de ciertas sales o gases, como el C02, en concentraciones adecuadas. No obstante, cuando alguna de estas especies está en unas proporciones altas, el agua resultante puede adquirir sabores desagradables. Por ejemplo, la presencia de un exceso de C02 confiere al agua un sabor ácido; elevadas concentraciones de hierro y manganeso dan un sabor metálico; altas proporciones de sulfato magnésico imparte un sabor amargo al agua de bebida. El pH es otro indicador de la calidad del agua; un agua a pH bajo tiene un gusto ácido, mientras que un pH alto le imprime un sabor jabonoso.

En la Biblia se menciona mucho el agua. De hecho, el primer capítulo de Génesis  en el versículo 2 dice que “y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. El agua puede representar la Palabra de Dios, cuando las escrituras mencionan el agua. Aunque hay aguas buenas y aguas malas. En todas las aguas hay vida. Las aguas estancadas son criaderos de mosquitos, de ranas, escorpiones y cuantos insectos y animales se reproducen en la suciedad. Las aguas contaminadas traen enfermedades y amargura al sistema digestivo. Y como dije que el agua representa la Palabra de Dios, puedo ilustrar que también las palabras de una persona pueden traer sanidad o enfermedad. Proverbios lo dice; “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos” Proverbios 18: 21

¿Cuantas personas están enfermas emocionalmente o espiritualmente? por palabras que alguien le dijo, o que otra persona le declaró. Hay heridas que están alojadas en el alma, por palabras hirientes, de menosprecio, de rechazo, de odio entre muchas de tantas cosas que puedo mencionar. Sé que hay muchas personas así, pero para estas personas hay buenas noticias. En el versículo que mencionamos al principio, hay una serie de palabras, direcciones, elementos que pueden tomar vida en este momento al pedirle al Espíritu Santo que nos las revele. Las aguas que salen del Trono de Dios, son aguas sanadoras, poderosas, de paz, de consuelo y de restauración. El profeta Ezequiel nos dice en esos versículos que esas aguas se convertirán en un rio, donde nadaran muchas personas, y que habrá muchos peces, los cuales recibirán sanidad al igual que las aguas. Y que todo lo que entrare en ese rio, vivirá. La palabra de Dios es vida.

Hoy es un día para sumergirse en el rio de Dios, disfrutar de sus aguas, o sea de su Palabra, que traerá bendición, restauración, y toda amargura se irá, en el nombre de Jesús. Dios tiene el poder de cambiar el agua salada en agua dulce, o dicho de otra manera, de cambiar las palabras que te dieron en algún momento de menosprecio y rechazo, en Palabra de Dios que te acepta y te ama tal y como eres.

Hoy te compartimos este versículo:

“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad” Jeremías 33: 6

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Sobre Eduardo Peraza

El apóstol Eduardo Peraza nació en San José Costa Rica, fue pastor en la Iglesia Maranatha en Houston Texas y en Costa Rica. Ha establecido iglesias en Cuba, y ha capacitado a pastores y líderes en varios países. Es fundador de R.A.P.I. (Red Apostólica y Profética Internacional) la cual da cobertura espiritual a iglesias y ministerios en Latinoamérica. Además han viajado a diferentes países para llevar las promesas y la palabra de Dios, y no solo lo espiritual, sino también con ayuda material para que se cumpla lo que dice la Santa Palabra “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. Lucas 14; 13 y 14

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