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El sobrepeso

 

 

“Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo” Salmo 55: 22

el sobrepesoEl sobrepeso es llamado para este tiempo la epidemia del siglo 21. Este problema afecta a millones de personas en el mundo. La mala alimentación, la vida sedentaria producen cambios en el cuerpo, que afectan la grasa, el hígado, el corazón, los riñones, las rodillas, la espalda y hasta produce ansiedad y depresión.

El sobrepeso es un problema tan grande que mata a miles de personas por año. El comer en exceso, y la falta de ejercicio va a retardar el proceso natural para eliminar las grasas, el líquido que está en el cuerpo y todo lo que no necesita el sistema.

En nuestra vida espiritual sucede algo similar. Primero; la Palabra de Dios dice que nosotros somos el Cuerpo de Cristo, así lo encontramos en 1 Corintios 12: 27 “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. Por lo tanto el Cuerpo de Cristo o sea cada uno de nosotros que representa la Iglesia de Jesucristo, debemos de estar saludables , en forma, y ser unidos con los demás, por el bien, no solo de los otros hermanos, sino de todo el Cuerpo de Cristo.

El apóstol Pablo hace una observación al respecto: “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” 1 Corintios 12: 26

Por otra parte, si hay carga en el cuerpo debemos de ejercitarnos en el Espíritu, para que la función corporal sea la mejor. Si en el cuerpo hay órganos inmaduros, no van a procesar los alimentos como deben de procesarlos. Un niño de 6 meses de nacido no puede comerse una chuleta porque no tiene el sistema digestivo desarrollado, además que aún no tiene dientes, por lo tanto su alimento básico es la leche. Pablo hace mención y explica el porqué de la leche espiritual.

“Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” 1 Corintios 3: 2-3

También la carta a los Hebreos habla del alimento y el ejercicio espiritual.

  “pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” Hebreos 5: 14

Es muy interesante que dice “para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”. Cuando se ejercita el discernimiento del bien y del mal, es fácil identificar lo que contamina al cuerpo. Lo que es nocivo para la salud espiritual. Toda carga de pecado hay que eliminarla. Si hay pecado, hay que confesar y renunciar. Tenemos abogado para con el Padre, el cual es Jesucristo.

Toda carga que haya en nuestra vida, ya sea espiritual o emocional hay que eliminarla, ejercitando el espíritu.

Hoy te compartimos estos versículos:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12: 1-2

 

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Sobre Eduardo Peraza

El apóstol Eduardo Peraza nació en San José Costa Rica, fue pastor en la Iglesia Maranatha en Houston Texas y en Costa Rica. Ha establecido iglesias en Cuba, y ha capacitado a pastores y líderes en varios países. Es fundador de R.A.P.I. (Red Apostólica y Profética Internacional) la cual da cobertura espiritual a iglesias y ministerios en Latinoamérica. Además han viajado a diferentes países para llevar las promesas y la palabra de Dios, y no solo lo espiritual, sino también con ayuda material para que se cumpla lo que dice la Santa Palabra “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. Lucas 14; 13 y 14

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