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Recetas mágicas

 

“Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.  Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.  Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac” Génesis 21: 1-3

Recetas magicasLa historia de Sara la esposa de Abraham nos relata el propósito de Dios, la fe inquebrantable de Abraham y la impaciencia de su esposa. El Señor les prometió que les daría un hijo. Esto no fue en una sola ocasión que Dios se los dijo, ni tampoco se los prometió y al día siguiente Sara tuvo a su hijo. Veremos algunos versículos:

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.” Génesis 12: 2

Si leemos este versículo en la Biblia Traducción Lenguaje Actual dice: “Con tus descendientes formaré una gran nación. Voy a bendecirte y hacerte famoso, y serás de bendición para otros”. Para que Abraham y Sara tuvieran descendientes pues es lógico que tuvieran hijo o hijos.

Vemos otro versículo: “Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido” Génesis 12: 7

Dios lo prometió y lo hizo en el tiempo señalado por él, y no en el tiempo que Abraham  y Sara esperaban. Sara tuvo a su hijo, doce años después de que había nacido Ismael, el hijo de la esclava Agar, lo cual fue fruto de tomar las promesas de Dios en sus propias manos, a esto la Biblia lo llama el nacimiento según la carne (Gálatas 4: 23). Pero antes de que Ismael naciera, Abraham había recibido la promesa quince años antes. Eso suma 27 años para esperar un hijo. Los tiempos son de Dios, y no son como solicitar una pizza que le dicen que estará lista en 20 minutos. El Señor puede hacer algo ahora, en menos de un segundo, pero también puede esperarse años.

El gran problema de la sociedad actual es que todo lo quiere ahora, lo quieren ya. Nadie quiere esperar, es muy difícil ver a la gente disfrutando y sonriendo mientras hacen fila, sea donde sea. Muchos se impacientan, cambiar de humor, su rostro se transforma y hasta dicen cosas que no tienen que decir. Vamos al cajero automático, se introduce la tarjeta, después el número secreto o clave y nos da el dinero. Para bajar de peso anuncian como si fueran recetas mágicas, sin hacer ejercicios ni dietas ni nada, pierdas todas las libras que le están sobrando con solo una capsula al día (como si fuera así de fácil). Para bajar de peso lo mejor es comer menos y hacer más ejercicio. Lo interesante es que las personas creen a esas recetas mágicas. Eso está en la sociedad, y cuando llegan a la iglesia, vienen con una mentalidad de que todo es ya y ahora. Quieren orar en un minuto y 29 segundos y antes de que sean los 2 minutos Dios ya me tiene la respuesta o el milagro. No, eso no es así. En el Reino de los Cielos, predominan la fe, la paciencia y la esperanza. Creo que muchos lo saben y hasta lo dicen siempre muy claro, que el tiempo es de Dios, y que nuestro Padre Celestial lo que nos prometió lo va a hacer, y es en su tiempo y no con recetas mágicas.

Hoy te compartimos estos versículos:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar” Eclesiastés 3: 1-3

 

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Sobre Eduardo Peraza

El apóstol Eduardo Peraza nació en San José Costa Rica, fue pastor en la Iglesia Maranatha en Houston Texas y en Costa Rica. Ha establecido iglesias en Cuba, y ha capacitado a pastores y líderes en varios países. Es fundador de R.A.P.I. (Red Apostólica y Profética Internacional) la cual da cobertura espiritual a iglesias y ministerios en Latinoamérica. Además han viajado a diferentes países para llevar las promesas y la palabra de Dios, y no solo lo espiritual, sino también con ayuda material para que se cumpla lo que dice la Santa Palabra “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. Lucas 14; 13 y 14

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